Cada activo —propiedad o vehículo— atraviesa una auditoría técnica con matriz de riesgo y oportunidad antes de llevar nuestra marca. La confianza es el producto.
El sello de auditoría es lo que diferencia un activo curado de un aviso más. Te da diagnóstico, transparencia y un criterio objetivo para decidir.
Estado, historial y riesgos visibles antes de que comprometas un peso.
Precio a valor de mercado real, no de lista. Para que el activo se mueva.
Documentación estandarizada, con firma. Auditable por vos y por tu escribano.
De la admisión a la gestión ética. Cada etapa tiene un entregable claro.
Filtro inicial: ¿este activo merece entrar al sistema? Descartamos lo que no aporta valor real.
Peritaje, revisión documental y estado real. Lo que se ve y lo que no.
Fotos, ficha, relato y valuación a valor de rotación —no de lista.
Sale a la vitrina con el sello, o queda off-market según convenga.
Seguimiento, transparencia y cierre. Sin prometer lo que no se puede sostener.
El informe que nadie más te da. Dos columnas: lo que puede complicar la operación y lo que la convierte en oportunidad.
La auditoría es un producto: cobramos un fee por diagnosticar tu activo antes de que decidas vender, permutar o esperar. Lo que se ve, se firma.